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Ternura

Ternura corresponde al segundo poemario de Gabriela Mistral. Fue publicado en Madrid, España, el año 1924, con el apoyo de la editorial Saturnino Calleja. La poetisa dedicó este libro a su madre y a su hermana Emelina, pilares fundamentales de su vida como fuente de inspiración directa de algunos de sus versos.

La primera edición de Ternura se subtituló Canciones para niños. Precisamente entre las páginas de Ternura además de encontrarse el lector con una veintena de poemas de la poetisa, cuenta además de rondas infantiles, canciones de cunas y jugarretas. Géneros estos últimos que Gabriela Mistral utilizó con frecuencia y creatividad, queriendo trasmitir a través de estos su especial e incansable afecto a los niños.

Las rondas dedicadas a estos niños también renovaban la percepción de Gabriela Mistral tanto con respecto a su labor poética como a su vida diaria: "Cuando he escrito una ronda infantil, mi día ha sido verdaderamente bañado de Gracia, mi respiración como más rítmica y mi cara ha recuperado la risa perdida en trabajos desgraciados. Tal vez el esfuerzo fuese el mismo que se puso en escribir una composición de otro tema, pero algo, que insisto en llamar "sobrenatural", lavaba mis sentidos y refrescaba mi carne vieja" (Mistral, Gabriela. Una nueva organización del trabajo, p. 3).

Para Gabriela Mistral Ternura no solamente pretendía entretener y educar a niños por medio de la poesía, sino que también era un llamado a los adultos respecto de su responsabilidad ante la situación de aquellos, en particular por los niños que vivían en situación de abandono.

Gabriela Mistral reveló que Ternura fue su libro más querido, uno que dejó huella a lo largo de toda su obra. Todos sus libros fundamentales, desde Desolación a Lagar, de Tala al Poema de Chile, contaron con poemas originados en Ternura. En 1945, el mismo año en que recibió el Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral, pensando en sus lectores, decidió reorganizar Ternura, añadiendo nuevas secciones a la edición original, cambios que dan cuenta de la importancia que Gabriela Mistral siempre atribuyó a este libro.