Teatro callejero

Una cuota significativa de actores y estudiantes de teatro se volcó al teatro callejero a fines de los años setenta y comienzos de los ochenta como una manera de llegar en forma directa al público y romper con el estricto control que ejercía el régimen militar sobre las manifestaciones públicas. La intervención de los espacios públicos con coloridos montajes se transformó en una forma de resistencia.

Muchas compañías nacieron bajo esas condiciones, especialmente las que agrupaban a egresados de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, como María Izquierdo, Willy Semler y Ximena Rivas.

Andrés Pérez hizo lo propio en el año 1977 cuando estrenó Un circo diferente, donde dirigió a Alfredo Castro, Aldo Parodi y Patricio Strahovsky.

Las posibilidades que descubrió en el formato y el temprano interés que sentía por presentar sus espectáculos en comunas populares lo llevó a formar en 1980 la compañía TEUCO (Teatro Urbano Contemporáneo), que inicialmente integraron Juan Edmundo González y Roxana Campos, entre otros. Con ellos estrenó ese año Oye, oiga y tú, en el marco del Encuentro de Arte Joven e Iván, el imbécil.

La vocación por idear puestas en escena para la calle se acentuó con la incorporación en 1983 de los actores Aldo Parodi, Carmen Disa Gutiérrez, Paulina Hunt y Janine Talloni. Con ellos estrenó Bienaventuranzas, que repasaba el capítulo bíblico del nacimiento de Cristo y la oposición del César.

Durante el curso de su formación en el Théâtre du Soleil, a comienzos de 1987, Andrés Pérez viajó a Santiago para impartir un taller relativo a las técnicas del teatro de calle, jornadas que tuvieron como resultado el montaje Todos estos años, donde un andamio oficiaba como escenografía. Esta producción convocó al elenco que posteriormente montaría La Negra Ester en una pequeña gira por Santiago.

El trabajo en la calle dio forma a la estética que Pérez fraguó junto a la compañía Gran Circo Teatro. Los elementos característicos del teatro callejero, como el uso de zancos y coloridos vestuarios, se convirtieron en una marca de identidad de sus montajes, como se aprecia en la versión del libro sagrado maya Popol Vuh que dirigió en 1992.

En la temporada 2000, retomó el formato callejero con una versión de El principito, de Antoine de Saint Exupéry, que en su primera temporada recorrió espacios abiertos de la comuna de Santiago. A propósito de dicha experiencia, comentó:

"El teatro es una vía de autoconocimiento y la mejor manera de conocer a los demás y, dentro de él, creo que el callejero está más cerca de la luz. Entonces, volver a hacer teatro callejero es retomar un camino diáfano" ("Andrés Pérez: El teatro callejero está más cerca de la luz", Las Ultimas Noticias, 30 de junio de 2000, p. 12-13).