centrales hidroeléctricas

La primera etapa de construcción de las centrales hidroeléctricas se desarrolló de la siguiente manera: la central Pilmaiquén entró en funcionamiento en 1944 sirviendo a Osorno y Puerto Montt; dos años más tarde las líneas se extendieron desde Osorno a La Unión y Valdivia, quedando definitivamente terminada en 1951, con una potencia instalada de 24.240 KW.

La central hidroeléctrica Sauzal en la región de Colchagua, comenzó a generar electricidad en 1948 y quedó concluida en julio de 1955 con una potencia de 76.800 kW, distribuyendo energía a Santiago y Curicó.

Por su parte, la central hidroeléctrica Abanico en la provincia de Biobío, comenzó a operar entre 1948 y 1952, con una potencia de 86.000 kW, transmitiendo su energía a la zona de Concepción, Coronel y Tomé. Posteriormente las líneas se prolongaron a Chillán (1950), Los Ángeles (1951) y Victoria (1954).

La central hidroeléctrica Los Molles, con una potencia de 16.000 kW y sus respectivas líneas de transmisión para atender las principales ciudades de la región de Coquimbo, entró en servicio en diciembre de 1952.

Sin embargo, pese a estos avances, los racionamientos eléctricos en Santiago se mantuvieron durante los inviernos entre 1946 y 1955, año en que el problema fue solucionado parcialmente con la puesta en servicio de la central hidroeléctrica Cipreses de 101.000 kW, la ampliación de la central Abanico a 135.000 kW y la construcción de la pequeña central hidroeléctrica Sauzalito de 9.000 kW, situada aguas abajo de Sauzal. Finalmente la entrada en servicios en la décima región de la central Pullinque de 48.600 kW, pudo dar respuesta a la siempre creciente demanda de energía.