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Aónikenk

Desde hace miles de años las estepas patagónicas estaban habitadas por los antepasados de la etnia aónikenk, la rama más austral del grupo lingüístico y cultural tehuelche.

Organizados en bandas de cazadores-recolectores, los aónikenk eran una sociedad básicamente igualitaria que se desplazaba a pie por los extensos territorios situados entre el río Santa Cruz y el Estrecho de Magallanes en busca de guanacos, ñandúes y otros animales comestibles. Con un detallado conocimiento del territorio, frecuentaban sitios en donde se concentraba la caza y establecían periódicamente sus campamentos (aike) en aquellos lugares.

Las expediciones españolas a la región del Estrecho de Magallanes establecieron tempranamente contacto con los aónikenk, denominados patagones por los europeos debido a su gran tamaño. Con el tiempo, el contacto sería cada vez más usual y los indígenas entablaron relaciones amistosas con los navegantes que cruzaban el estrecho. El contacto con los europeos no sería el único factor de cambio para la cultura aónikenk, puesto que a fines del siglo XVII la expansión mapuche hacia las pampas no tardó en hacerse sentir. Más allá de sangrientos conflictos interétnicos, la influencia del pueblo mapuche fue fundamental por cuanto introdujo el caballo, elemento de transporte que revolucionó el modo de vida aónikenk. La utilización del caballo facilitó el transporte entre los territorios de caza y determinó el reemplazo del tradicional arco y flechas por las boleadoras, en cuyo uso los aónikenk llegaron a ser expertos.

La fundación del Fuerte Bulnes en 1843 marcó el comienzo de la declinación del pueblo aónikenk. Acostumbrados al intercambio con navegantes europeos en el Estrecho de Magallanes, el contacto con la población chilena sin embargo fue un factor de desestructuración social, por cuanto masificó el consumo de alcohol en la población indígena. La introducción de la ganadería ovina en 1876 y la posterior instalación de grandes estancias ovejeras arrinconaron a los aónikenk a lugares cada vez más apartados. Los intentos por reducirlos a reservas nada pudieron contra el inveterado nomadismo aónikenk y la rapacidad de los grandes empresarios ovejeros que acabaron por despojarlos de todo su territorio.

Alcoholizados, reducidos a peones de estancia y diezmados por la viruela, desde 1906 los aónikenk desaparecieron definitivamente del territorio chileno.