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Misioneros jesuitas

Desde su llegada a la isla de Chiloé en 1608, los jesuitas se preocuparon de evangelizar a las bandas de canoeros chonos que habitaron desde el sur del archipiélago hasta la península de Taitao, organizando expediciones por los canales australes. A mediados del siglo XVIII estas expediciones se hicieron más frecuentes, estimuladas por las autoridades chilotas en razón del interés estratégico que la zona tenía para la corona española.

Una de las travesías más memorables fue la que protagonizó el misionero José García entre 1766 y 1767 hacia el archipiélago del Guayaneco, ubicado al sur del Golfo de Penas, a la entrada del canal Messier. Acompañado por indios chonos, viajó casi dos mil kilómetros en canoa a través de los canales patagónicos, cruzando el istmo de Ofqui a través de la laguna San Rafael y atravesando el turbulento Golfo de Penas. En las islas del Guayaneco entabló relaciones con bandas kawéskar, a las que denominó caucahues, taijatafes y calen. Embarcó a varias decenas de ellos hasta Chiloé, y estableció una misión en la isla Cailín, en el extremo sur del archipiélago.

Aunque breve, el diario de viaje del padre García es un testimonio no sólo del impresionante empuje misionero jesuita, sino también es uno de los documentos más antiguos que se conozcan sobre los kawéskar.