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Juan Miguel

Juan Miguel fue una persona extraordinariamente importante en la vida de Gabriela Mistral. Aunque la poetisa nunca contrajo matrimonio, a inicios de 1926 logró satisfacer en parte sus anhelos de maternidad con la llegada de él. El pequeño Juan Miguel era su sobrino, a quien cariñosamente llamó "Yin Yin". Los orígenes y vínculos de Yin Yin con Gabriela Mistral por años fueron objeto de múltiples hipótesis, las que fueron aclaradas definitivamente el año 2007 a partir de documentos notariales.

Juan Miguel nació en Barcelona el 1 de abril del año 1925. Sus padres fueron la española Marta Mendoza y Carlos Miguel Godoy Vallejos, medio hermano de la poetisa. Tras la repentina muerte de la madre, el hermanastro de Gabriela Mistral decidió entregárselo, comprometiéndose a no reclamarlo jamás. Desde ese momento Yin Yin acompañó a la poetisa en todos sus viajes. Yin Yin creció junto a la poetisa, considerándola como su madre.

Vivieron en Francia hasta 1940 cuando, temiendo por la seguridad de su sobrino con el estallido de la guerra, Gabriela Mistral y Juan Miguel se trasladaron a Petrópolis, Brasil. En aquel lugar se hicieron grandes amigos de Stefan Zweig y su esposa, una pareja de judíos quienes trágicamente decidieron suicidarse en 1942. Esta pérdida fue lamentada profundamente por la poetisa y Juan Miguel.

Pero un nuevo dolor estremeció a Gabriela Mistral. El 14 de agosto de 1943, a los 17 años de edad, murió su querido Yin Yin, dejando solo una tímida nota: "Querida mamá, creo que mejor hago en abandonar las cosas como están. No he sabido vencer. Espero que en otro mundo exista más felicidad" (Yin Yin. Carta, 1943, Brasil, a Gabriela Mistral, p.1). "Nadie podrá entender mi espanto de hallarme a mi Yin Yin agonizando de arsénico. Nada, nada me había preparado para este golpazo. Y nada hubiera podido prepararme" (Mistral Gabriela, Cuaderno de Petrópolis (1941-1945), p. 213).

Gabriela Mistral nunca creyó en el suicidio de Juan Miguel. Afirmó siempre "Me mataron a mi hijo", aunque el informe médico señalaba lo contrario. Su dolor no tuvo límites, como lo demuestran las hermosas oraciones que escribió para que se rezara por él:

"Mi pensamiento va a buscarte, niñito mío; él hace camino por encontrarte y quedar contigo

Es mi amor el que va en busca tuya; es la fidelidad de mi amor, chiquito mio

Mi espíritu desea quedarse contigo mientras mi cuerpo duerme,

Por abrazarte, por acariciarte, por sentirte y hacerte una larga compañía (Mistral, Gabriela. Cuaderno 119 (manuscrito) pp. 53-54).