Subir

José Zapiola Cortés (1802-1885)

José Zapiola nació en Santiago de Chile en 1802. Hijo ilegítimo del abogado argentino Bonifacio Zapiola y Lezica con la chilena Carmen Cortés, se caracterizó por tener una compleja y versátil personalidad con la cual se integró a las más diversas facetas de la vida cultural y política del país.

En 1812 ingresó a la Escuela de Letras a cargo de fray Antonio Briseño, para luego iniciar, en plena Patria Vieja, un breve trabajo como aprendiz en un taller de artesanías en plata. Su adolescencia lo transformó en un voraz lector de la literatura política francesa de la época, consolidando una aguda conciencia histórica que le sirvió para su posterior labor en el servicio público.

Se aproximó a los instrumentos musicales gracias al visionario regalo de su madre, que le obsequió un clarinete. Así, en 1820 ingresó como instrumentista ad honorem a la Catedral de Santiago y luego participó como clarinetista en el Batallón Nº 2 de las Guardias Nacionales, convirtiéndose en director de una de las bandas de música del Séptimo Batallón. Entre 1824 y 1825 viajó a Buenos Aires, desempeñándose como instrumentista. Al regresar inició una intensa actividad: participó como jefe de banda en un viaje a Chiloé, colaboró con la Sociedad Filarmónica fundada por Isidora Zegers y Carlos Drewetcke, dirigió un grupo de música en el Teatro Nacional, formó parte del conjunto que actuó en la Catedral como eximio intérprete de clarinete, ejerció como director de orquesta ante compañías líricas y fue encargado de fundar cinco nuevas bandas militares.

El 8 de abril de 1839 estrenó, con letra de Manuel Rengifo, el Himno a las Victorias de Yungay, canto patriótico considerado por muchos como un segundo Himno Nacional. Su reconocimiento no tardó en llegar: en 1845 el Supremo Gobierno le entregó una medalla de oro y un diploma de reconocimiento a su labor y aporte a la comunidad. Pero su actividad no cesó, pues en 1852 fundó, junto a Isidora Zegers, José Bernardo Alzedo y Francisco Oliva, el Semanario Musical, primera publicación periódica sobre música en Chile y creó la cátedra de música en la Escuela Normal de maestros de Santiago.

Compuso numerosas obras sacras, como la Misa de Réquiem para la muerte de Don Diego Portales (1837), dos odas e himnos, y también profanas, como una zamacueca ("Negro Querido"), un bolero y una contradanza ("La argentina"). Fue Director del Conservatorio Nacional de Música en 1857 y sucedió a José Bernardo Alzedo en el cargo de Maestro de Capilla de la Catedral de Santiago entre los años 1864 y 1874.

Desde los años cincuenta hasta su muerte, acaecida en 1885, Zapiola adoptó un ideal político libertario y revolucionario de tintes románticos, a pesar de que se le reprocharon cambios en su doctrina política. Desde 1850 formó parte de la Sociedad de la Igualdad y, entre 1870 y 1872, se desempeñó como regidor por Santiago. Luego de ello inició la publicación de sus memorias en el diario La Estrella.