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Diccionario de chilenismos (1875)

Nacido en Quillota, Zorobabel Rodríguez (1839-1901) se trasladó a Santiago para completar sus estudios en el colegio San Luis. Ahí, en el último año de humanidades, empezó a dictar las clases de Gramática Castellana y Latín. Posteriormente, en 1864, se licenció de la Facultad de Leyes y Ciencias Políticas. Además, participó activamente en el Partido Conservador y como redactor crítico del diario El independiente.

Rodríguez representa al intelectual que, sin tener una formación estrictamente lingüística, desarrolló una labor de gran importancia, por cuanto dio inicio a una larga tradición de estudios sobre las particularidades léxicas de nuestra región. Fue el autor del primer diccionario de chilenismos, tarea en virtud de la cual integró el primer directorio de la Academia Chilena de la Lengua.

En concreto, Rodríguez planteaba que las incorrecciones en el habla popular se debían a las falencias de la enseñanza secundaria del Chile de la época. A su juicio, la labor estandarizadora de Andrés Bello no había sido suficiente para erradicar los vicios persistentes en el lenguaje nacional, por lo que su Diccionario de chilenismos tenía como objetivo fundamental el de identificar tales barbarismos y prevenir a los jóvenes del país de su empleo.

La publicación de la obra no pasó inadvertida para sus contemporáneos. Fidelis Solar criticó abiertamente la iniciativa en su trabajo Reparos al diccionario de chilenismos del señor don Zorobabel Rodríguez. Allí reprochó la falta de prolijidad del trabajo, que incurría en faltas ortográficas, omitía vocablos indispensables y, sobre todo, descansaba sobre un error de principio: el repertorio correspondía, en rigor, a uno de americanismos, puesto que no existían estudios que ratificaran que las palabras incluidas como chilenismos no estuvieran vigentes en otro país del continente. Frente a estas objeciones, Fernando Paulsen, colaborador de Rodríguez -en el documento titulado Reparos de reparos: o sea lijero examen de los reparos al diccionario de chilenismos de don Zorobabel Rodríguez, por Fidélis Solar- argumentó que la lengua castellana no se enriquecía en lo absoluto con palabras bárbaras o propias del vulgo.

En definitiva, la obra de Zorobabel Rodríguez se inscribe dentro la tendencia predominante en la producción lexicográfica americana de la época: es un catálogo de regionalismos recopilados con un afán normativo, concebido para señalar los vocablos que debieran extirparse del vocabulario nacional y ser reemplazados por su equivalente castizo. "Ciertamente -comenta José Toribio Medina- que el autor procedía inspirado por el culto al correcto decir, si bien con tal exceso de puritanismo idiomático, que si (...) resucitara, habría podido ver con asombro que la propia Real Academia, con criterio más amplio, acogía en su léxico voces y giros por él condenados" (Medina, J. T. Chilenismos. Apuntes lexicográficos, p. IX). Persistía, en la concepción de lengua de Rodríguez, la confusión entre lo correcto y lo ejemplar.