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Correspondencia epistolar

La correspondencia entre Gabriela Mistral y Manuel Magallanes Moure se inició en 1913 y se consolidó tras la celebración de Los Juegos Florales. En un comienzo, Mistral le escribió contándole acerca de sus últimos encuentros con Romeo Ureta, su amor de juventud, describiéndole el dolor que sintió cuando lo vio besando a su novia: "Se acribillaban a besos. La cabeza de él -¡Mi cabeza de cinco años antes!- recibía una lluvia de esa boca ardiente. Él la besaba menos, pero la oprimía fuerte contra sí. Se había sentado sobre el brazo del sillón y la tenía, ahora, sobre su pecho. (El pecho suyo, sobre el que yo nunca descansé). Yo miraba todo eso, Manuel. La luz era escasa y mis ojos se abrían como para recoger todo eso y reventar los globos. Los ojos me ardían, respiraba apenas; un frío muy grande me iba tomando. Se besaron, se oprimieron, se estrujaron, dos horas" (1915 feb. 22 a Manuel Magallanes Moure (manuscrito); trascripción de Raúl Silva Castro. p. 1).

Posteriormente, esta amistad se tornó en un amor platónico de parte de la escritora, el que se sostuvo, solamente, por un centenar de cartas. Mediante estas misivas, Gabriela Mistral fue confesándole todo su amor: "Manuel ¿me acusa usted? Yo no lo acusaré nunca. Abracémonos, renegando del error fatal de la vida, porque este dolor de ser culpable sólo puede ahogarse con mucho, con mucho amor" (1915 feb. 22 a Manuel Magallanes Moure (manuscrito); trascripción de Raúl Silva Castro. p. 1). Fueron recados muy apasionados en los que Gabriela Mistral mostró toda su intimidad: "Tu carta debió llegar ayer y llegó hoy en la noche. Me he puesto tan contenta de saberte tranquilo y afectuoso. Vuelvo a decirte: No tienes derecho a llorar lejos de mi pecho. Guárdamelo todo -amargores y amor- porque todo cabrá en mí y porque no quiero que nada tuyo se pierda en otras manos, ni siquiera la sal de tus lágrimas. Sed tengo de ti y es una sed larga e intensa para la que has de guardarte intacto" (Cartas de amor de Gabriela Mistral; introducción, recopilación, iconografía y notas de Sergio Fernández Larraín. Santiago: Andrés Bello, 1978. p. 115).

Las epístolas fueron firmadas por la autora con su verdadero nombre, Lucila, con el fin de proteger su identidad. Finalmente, la correspondencia se interrumpió en 1922, cuando Gabriela Mistral viajó a Ciudad de México.

En 1978 el crítico Sergio Fernández Larraín, apoyado por la Editorial Andrés Bello, publicó Cartas de amor de Gabriela Mistral, una recopilación de 38 misivas donadas por la nieta de Magallanes Moure. En cuanto a las otras inéditas, 24 fueron adquiridas por el Instituto de Letras de la Universidad Católica de Chile y otras 11 están en de la Universidad de Notre Dame en los Estados Unidos. En el año 2000, la misma editorial realizó una reedición del libro e incorporó nuevas cartas.