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teatro

La carrera de Pedro Sienna como actor se desarrolló después de sus comienzos artísticos como poeta y comenzó de manera completamente azarosa. Se encontraba con su amigo el poeta Daniel de la Vega, cuando se toparon en la calle con el actor español Bernardo Jambrina, quien en alguna oportunidad había escuchado recitar al joven Sienna. Entusiasmado por sus capacidades escénicas, Jambrina lo invitó en plena calle a ser parte de una gira teatral de su compañía por Argentina, que comenzaba al día siguiente. Sienna no lo dudó un segundo: armó una maleta con sus pertenencias y al día siguiente le avisó a su madre que partía de gira. Así, de improviso, dejó su casa y emprendió su camino como actor.

En menos de un año, Sienna se convirtió en el galán joven de la compañía. En plena gira, publicó en Córdoba su primer libro de poemas El tinglado de la farsa. De vuelta en Chile, Sienna comenzó su carrera cinematográfica cuando lo llamaron para protagonizar la película El hombre de acero.

En esos años todo el teatro que se llevaba a escena en América Latina correspondía a obras españolas y los actores, aunque locales, debían hablar con acento español. Frente a esta hegemonía de la tradición hispánica, en 1917 Sienna se unió a Enrique Báguena y Arturo Bührle para crear la Primera Compañía Nacional, cuyo objetivo fue oponer resistencia a dicho influjo y montar obras de autores chilenos, interpretadas por actores chilenos.

Sienna continuó dedicado a las tablas por décadas y se le recuerda como uno de los precursores del teatro infantil y el teatro obrero. A pesar de anunciar su retiro del teatro en 1944, cuando advirtió "lo tremendo que era llegar a viejo y ser solo actor", Pedro Sienna volvió a dirigir una obra para el Teatro Universitario de Concepción en 1962: Entre gallos y medianoche, escrita por Carlos Cariola, montaje en el que, además, diseñó los trajes y decorados.