Subir

Espiritualidad del mundo en Jorge González Bastías

Ya en el primer libro de Jorge González Bastías se despliega una temática melancólica respecto de un mundo perdido o casi perdido, pero del cual quedan vestigios que caracterizan -con algunas variaciones en torno a los mismos temas- el resto de su producción poética.

Misas de primavera (1912) contiene poemas como "Égloga del camino" en que el poeta lee no solo las huellas de su existencia, sino también su inscripción legendaria en una forma de vida que aún puede vincularse con el presente.

Desde El poema de las tierras pobres (1924) es notorio para el poeta que esas formas de vida -que se pueden identificar, a grandes rasgos, como formas comunitarias en relación ecológica con la naturaleza- han desaparecido, sustituidas por la degradación y destrucción irreversibles del medio natural, junto al empobrecimiento y el envilecimiento del ser humano.

A pesar de este panorama de desligamiento, aún existirían indicios que posibilitarían el recuerdo de tales formas de vida. Así, en la sierra más erosionada y "más escabrosa / el árbol crece protector / y hace lugar para una choza / en que pudiera haber amor" (El poema de las tierras pobres. Santiago: Soc. Impr. y Litogr. Universo, 1924, p. 66).

La relación con el paisaje y, en general, la naturaleza y el ser humano -reiterada a lo largo de toda su obra- deja traslucir cierta visión panteísta de lo existente en que no solo se recuerda de manera nostálgica un pasado en que naturaleza y espíritu se encuentran conciliados, sino que se deja abierta la puerta a una pertenencia de lo real a lo divino.