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Amistad y colaboración entre Humberto Díaz-Casanueva y Rosamel del Valle

Ojalá se sienta en estas palabras un latido de unión para reverenciar a Rosamel que mantiene entre sus dedos crispados el rayo de la poesía

(Díaz-Casanueva, H. "Prólogo a Elina, aroma terrestre" [manuscrito], p.8)

Humberto Díaz-Casanueva y Rosamel del Valle mantuvieron una larga amistad. Durante más de cuarenta años, intercambiaron una extensa correspondencia en la que compartieron sus problemas y alegrías cotidianas, sus vidas, viajes y amores, pero también sus procesos de creación, los libros y poemas que se encontraban leyendo y escribiendo.

Creación y amistad se hacen indisolubles en la obra de ambos poetas, cada uno fue, quizás, el mejor crítico del otro. Humberto Díaz-Casanueva escribió en más de una ocasión sobre la obra de Rosamel del Valle, así como este último dedicó un libro a la poesía de su amigo y compañero: La violencia creadora. Poesía de Humberto Díaz Casanueva (Santiago: Ediciones Panorama, 1959).

Para Díaz-Casanueva, País blanco y negro (1929) de Rosamel mostraba "un contenido poético, fruto de largas exploraciones en sí mismo, en que se adivina la victoria angustiosa del poeta en la lucha de sus fenómenos internos y sus medios de expresión" ("La nueva literatura chilena: País blanco y negro por Rosamel del Valle". Letras. Octubre de 1929). Asimismo, en el prólogo al libro Elina, aroma terrestre (1983) -escrito dieciocho años después de la muerte de Rosamel- Díaz-Casanueva invitaba a los lectores a profundizar en su obra: "Ojalá que este libro incite, especialmente a los jóvenes, a una exploración seria de un mensaje poético, uno de los más impresionantes de la época" (p.2).

En numerosas cartas reaparecen estas voces de un trabajo conjunto que se fue fraguando en medio de deseos y necesidades humanos e íntimos. En la carta escrita en agosto de 1965, que llegó a manos de Humberto Díaz-Casanueva -quien entonces cumplía labores diplomáticas en Argelia- una vez que Rosamel ha muerto, este último le pide al autor de Réquiem y El aventurero de Saba: "Escríbame de nuevo por favor. Tiéndame la mano una vez más. Le prometo despertar. Mientras tanto, gracias de nuevo y reciba el fuerte abrazo de su viejo amigo… Rosamel".

Este intercambio epistolar halló un intersticio que condujo, a través del afecto y la amistad, más allá de la vida de Rosamel del Valle. Su carta póstuma fue, a la vez, el punto de partida de uno de los libros más conmovedores de Humberto Díaz-Casanueva, El sol ciego: en la muerte de Rosamel del Valle (Santiago: Grupo Fuego, 1966), una elegía escrita a dos voces:

Mi voz

trenzada a la tuya

seguirá cantando

escudriñando

en la arcana mortal

presencia

Ayúdame oh ayúdame

Rosamel

a reunir el resplandor

del mundo! (p.80).

Poesía, vida y amistad se unen en la obra de estos dos poetas chilenos, colaboración y afecto funcionan como una estrategia creativa.


*Cápsula desarrollada en colaboración con el proyecto "Poéticas de las posvanguardias: poesía, artes y redes en Chile y Perú, entre los años 1930-1950" (Fondecyt Iniciación Nº 11150061).