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El fonógrafo en Chile

Desarrollado en 1877 por el empresario e inventor estadounidense Thomas Alva Edison (1847-1891), el fonógrafo fue el primer invento capaz de grabar y reproducir sonido a través de cilindros de cartón y luego de cera.

Este invento, rápidamente se convirtió en un fenómeno a nivel internacional, constituyéndose en el primer eslabón de la producción discográfica industrial posterior. El interés inmediato que suscitó esta nueva tecnología en todo el mundo y, en particular, en Chile, encontró uno de sus antecedentes en 1878, cuando Arturo Salazar, empleado del Telégrafo Transandino, construyó, de manera casera, su propio fonógrafo.

En este contexto de innovación tecnológica, el empresario de origen ruso avecindado en Chile, Efraín Band, comenzó, a finales del siglo XIX, a realizar gestiones para la comercialización de fonógrafos en el país, introduciendo en 1890 los primeros aparatos.

A inicios del siglo XX el mercado era abastecido por la empresa de cilindros francesa Pathé Frères, que comercializaba grabaciones de arias de ópera, solos de diversos instrumentos y piezas ejecutadas por bandas instrumentales. Al momento de inaugurarse la sucursal de "Casa Pathé", de propiedad de Ernesto Würt, en Santiago de Chile, la oferta de cilindros se amplió a diferentes intérpretes europeos de la época (Garrido, Francisco y Menare, Renato. "Efraín Band y los inicios de la fonografía en Chile". Revista Musical Chilena. Volumen 68, número 221, 2014, p. 58-59).

La inexistencia de fonogramas de artistas nacionales motivó a Efraín Band, hacia 1906, a crear un sello fonográfico propio, llamado Fonografía Artística. Este sello marcó un hito en la historia de la producción musical chilena pues fue el primero en producir fonogramas de música nacional.

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