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Cosmografías americanas | Presentación
  
 

La imagen de América en la cartografía europea de los siglos XVI y XVII

Los descubrimientos geográficos llevados a cabo por los navegantes portugueses en la segunda mitad del siglo XV y el descubrimiento de América en 1492, transformaron completamente el imaginario geográfico europeo. Las fronteras del mundo conocido se propagaron velozmente y se plasmaron en una impresionante obra cartográfica, que en el curso de unas pocas décadas se transformó de manera vertiginosa, abriendo la cosmovisión europea al mundo y trayendo consigo la modernidad a Occidente.

El progreso de la cartografía estuvo en íntima relación con el mejoramiento de las técnicas de navegación, base necesaria para los viajes interoceánicos. La obra de Ptolomeo, redescubierta a mediados del siglo XV y difundida a través de la imprenta, fue de particular importancia para fijar métodos de cálculo de latitudes y longitudes, y por el énfasis puesto en establecer mapas sobre la base de sistemas de coordenadas. Ello permitió la navegación en mar abierto a través de la observación astronómica, técnica que difundieron los libros de cosmografía durante el siglo XVI. El descubrimiento de la proyección plana con derrota constante por Gerard Mercator en 1569 significó un importante avance, cambiando completamente los métodos de confección cartográfica.

Los descubrimientos geográficos realizados por exploradores y soldados españoles en el nuevo mundo fueron pronto centralizados en la Casa de Contratación, institución creada por la monarquía española para supervisar y controlar la navegación hacia las Indias. Durante todo el siglo XVI fue el organismo de investigación cartográfica más importante de Europa, sin embargo, el carácter empírico de su cartografía y la confidencialidad en que se mantuvo, limitó su impacto en la sociedad.

La labor de difusión de los nuevos conocimientos geográficos fue tomada por los impresores centroeuropeos, en particular en los Países Bajos, centro mercantil y financiero de Europa septentrional, que hacia fines del siglo XVI y XVII se convirtieron en el principal centro cartográfico del continente. La generalización de la imprenta y el uso del grabado en madera y posteriormente en cobre, abarataron los costos de confección y reproducción de los mapas, generando una verdadera edad de oro de la cartografía. En 1570, Abraham Ortelius publicó el primer atlas moderno de la historia, abriendo una época de auge de los editores holandeses. En las décadas posteriores, su labor fue imitada por otros importantes cartógrafos, como el propio Gerard Mercator, Cornelis de Jode, Willem Janszoon Blaeu, Johannes Janssonius, Frederick de Wit y Nicolas Sanson D’Abbeville.

La presencia de nuevas tierras obligó a replantearse la figura del mundo que propusieron Ptolomeo y los clásicos de la antigüedad. Se aceptó la existencia de un nuevo continente y su representación sufrió numerosas variaciones a través del tiempo. En 1507, éste fue bautizado como América por el editor alemán Martin Waldseemüller, nombre que fue consagrado poco tiempo después por Gerard Mercator.

En 1597, Cornelis Wytfliet publicó una de las primeras descripciones generales del nuevo mundo, la que sin embargo abundó en detalles fantasiosos. Las utopías que generó el descubrimiento de América se reflejaron en constantes referencias a lugares míticos, como la Ciudad de los Césares, El Dorado o el país fabuloso de Quivira. Por ello, los inicios de la cartografía americana estuvieron marcados por múltiples imperfecciones, muchas de las cuales sólo fueron aclaradas durante el siglo XVIII, gracias a las grandes exploraciones científicas llevadas a cabo por franceses e ingleses. La era de la razón derrumbó los últimos resabios de utopía en la cartografía americana, y abrió el camino para una representación científica del territorio.


 

 

 

     
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