| Dimensión del infinito y arquitectura del silencio como punto de partida Joaquín Edwards Bello
Destacado cronista y novelista, nació en Valparaíso el 10 de mayo de 1887. Fue bautizado como Víctor Lorenzo Joaquín por sus padres Ana Luisa Bello Rozas -nieta de Andrés Bello- y Joaquín Edwards Garriga, importante banquero.
Fue alumno del Colegio Mackay y del Liceo Eduardo de la Barra. Durante estos años su vocación literaria manifestó sus primeros indicios. Así junto a sus compañeros de colegio Alberto Díaz Rojas y Cayetano Cruz-Coke, fundó la revista quincenal La juventud. El primer número de esta revista fue publicado el domingo 17 de marzo de 1901. Un año más tarde publicó la revista El Pololo.
Contra los deseos de su padre, se dedicó tiempo completo a la literatura y al periodismo. En 1910 publicó su primera novela, El inútil, que lo marcó para siempre como rebelde y gran cuestionador de la realidad chilena.
Al mismo tiempo que desarrolló un proyecto escritural narrativo, en el cual desplegó toda su ironía y particular visión del país, realizó un intenso trabajo periodístico, publicando innumerables artículos en El Mercurio y posteriormente en La Nación, desde donde disparó sus más ácidas críticas bajo el alero y protección del padre de Juan Emar, Eliodoro Yánez.
De su producción literaria destacan novelas como El Roto, obra que encuentra su antecedente en La cuna de Esmeraldo, publicada en 1918, El chileno en Madrid y La chica del Crillón, en las que se manifiesta el espíritu de la época: la búsqueda de una identidad nacional, la pretensión de mostrar al chileno en su esencia, mejorar los vicios del pueblo y resaltar de manera solapada las virtudes del criollo, empresa que compartieron diversos movimientos, entre ellos el Mundonovismo, del que toma la estética naturalista para la descripción tanto del espacio como de los tipos humanos y su recíproca influencia.
Su producción literaria fue vastísima y muy variada, desde el naturalismo de sus primeras obras, pasando por la crítica impresionista de sus cuentos y crónicas, hasta sus aventuras vanguardistas en el París de entreguerras, entre ellas la publicación de Metamorfosis, libro de poemas de inspiración dadaísta y ultraísta, firmados con el seudónimo Jacques Edwards. Pero la constante en la obra de Edwards es su espíritu nacionalista, que se expresa en su publicación El nacionalismo continental de 1925, en la que explica la ascendencia e identidad común americana a partir de nuestra herencia hispana y la visión que despliega sobre diversos temas de su tiempo a través de sus crónicas, algunas de las cuales fueron recogidas en Mitópolis por Alfonso Calderón.
Edwards Bello recibió el Premio Nacional de Literatura en 1943 y el Premio Nacional de Periodismo en 1955. Sus últimos años no fueron gratos. En 1960 sufrió un ataque de hemiplejia bastante severo, del cual afortunadamente se recuperó gracias a los cuidados de su esposa y de la dieta indicada por el doctor Manuel Lazaeta Charán.
Años más tarde, sumido en la angustia, se suicidó el 19 de febrero de 1968.
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