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Juan Mauricio Rugendas (1802-1858) | Presentación
  
 

Un viajero romántico

De los artistas románticos alemanes que visitaron Chile durante el siglo XIX, Juan Mauricio Rugendas fue, sin duda, el más relevante. Nació en Augsburgo, en 1802. Recibió desde niño una prolija educación artística que incluyó diversos viajes a través de países de Europa y América. En 1821, llegó a Brasil y dos años después publicó el libro de grabados Viaje pintoresco en el Brasil.

Retornó a Europa y, al poco tiempo, su interés por otras culturas lo trajo nuevamente al continente americano. En 1831, visitó Haití y luego México, donde residió durante tres años. En 1834, llegó a Chile, iniciando de inmediato un intenso trabajo pictórico que originó obras como Llegada del Presidente Prieto a la Pampilla, y El huaso y la lavandera . En pocos meses, su carácter reservado y sensible le permitió acceder a los salones más selectos de la sociedad santiaguina. En una de estas reuniones sociales, durante 1835, conoció a Carmen Arriagada, esposa de su compatriota avecindado en Talca, Eduardo Gutike. Con ella estableció una larga relación sentimental, de la que se conserva un abundante intercambio epistolar.

En el ámbito profesional, la estada de Rugendas en Chile se caracterizó por los numerosos encargos de pinturas que recibió y que debía cumplir para mejorar su situación económica y así ayudar a su familia en Alemania. Por esta razón, y también por motivos personales, realizó frecuentes viajes a través de gran parte del territorio nacional. Durante un cruce de la cordillera de Los Andes, en 1837, sufrió un grave accidente, que lo mantuvo en Mendoza durante dos meses y lo dejó con secuelas físicas para el resto de su vida.

De regreso en Chile al año siguiente, continuó su trabajo y al poco tiempo se radicó en Valparaíso, cuyos vecinos eran sus mejores clientes y donde recibía el mayor número de encargos. Allí conoció a un nuevo amor, Clarita Álvarez Condarco, una joven perteneciente a una familia acaudalada. Ella se sintió atraída por el pintor, pero los padres de la joven lo rechazaron, a causa de su edad y condición económica. Pese a la honda depresión en que cayó, su producción pictórica siguió en aumento, hasta que en noviembre de 1842, recibió una carta de la joven Clara, confirmándole su amor, pero rehusándose a volver a verlo. Desilusionado, diez días después abandonó el país con rumbo a Lima. Sólo regresó a Chile para despedirse de Carmen Arriagada, en enero de 1845, y ese mismo año partió a Uruguay, por la ruta del Cabo de Hornos, para retornar definitivamente al viejo continente, donde murió a los 56 años edad.


 

 

     
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