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Ursula Suárez (1666-1749) | Presentación
  
 


...mas, atenta que será ésta la divina voluntad
ordenada por la de vuestra paternidad, con lágrimas referiré toda mi vida pasada,
que anegada en el mar de mis lágrimas no sé cómo principiar

Úrsula Suárez


De acuerdo al uso de la época y a instancias de su confesor, la monja clarisa Úrsula Suárez escribió su autobiografía que denominó Relación de las singulares misericordias que ha usado el Señor con una religiosa, indigna esposa suya, previniéndole siempre para que solo amase a tan Divino Esposo y apartase su amor a las creaturas; mandada escrebir por su confesor y padre espiritual. Esta forma de escritura, habitual entre aquellas que profesaban los votos, era un medio de vigilar el buen camino de las protegidas, sobre todo aquellas que tenían experiencias místicas o revelaciones, como es el caso de Úrsula Suárez.

Recientes estudios han demostrado que el manuscrito de la autora a que se alude, no habría sido el único. Otros similares se perdieron o fueron quemados. La obra, que data de principios del siglo XVIII, pasó practicamente inadvertida para historiadores y críticos, reseñándose, al parecer por primera vez, en la Historia Eclesiástica, Política y Literaria de Chile de Eyzaguirre en 1850. Fue recuperada nuevamente en las últimas décadas del siglo XX, al valorizarse nuevas formas de escritura generadas en espacios culturales distintos de los dominantes; como son las relaciones de monjas.

Entre este tipo de escritos, el de sor Úrsula Suárez se destaca y sorprende por la maña que exhibe en la defensa a ultranza de sus espacios de libertad. Ella elige desde muy joven la vida conventual, opción que desde hoy podría parecer muy restrictiva. Paradójicamente, se presenta para la mujer de la colonia de clase alta como una forma de “salir al mundo”. Allí puede vivir con las comodidades que son propias de su clase: acompañada de sirvientas y esclavas, tener relaciones de amistad con el sexo opuesto o “devociones”, recibir regalos y participar de ese pequeño mundo de intrigas y luchas de poder, contraviniendo con ello incluso algunas disposiciones eclesiásticas.

A pesar de sus quejas por la imposición de escribir, el texto exhibe un gusto por la representación literaria, más allá de la pura obligación. En opinión de Valdés, “el relato es dinámico, con gran presencia de diálogos, con una fuerte carga corporal y sensorial, con imágenes impregnadas de emotividad y temperamento: “y allí en la tierra postrada lloraba con grandes ansias y tenía el corazón como cosido a la tierra”.

Sor Úrsula Suárez fue una mujer inteligente, alegre, picaresca, de temperamento fuerte y hasta conflictivo. No se privó de las experiencias vitales que su espacio de reclusión le pudo proporcionar; llegó a tener al mismo tiempo hasta tres “endevotados”, pero se resistió a revelarlas a la autoridad: “Ay, miserable de mí, que lo tengo que decir, y que, como el pes, por mi boca y manos he de morir”.


 

     
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