| El cine chileno es muy de autor (...) no hay una ‘máquina’ funcionando, no hay grandes productoras que se dediquen a hacer películas para ganar plata. Cristián Galaz
El desmantelamiento de la empresa Chile Films en 1949 no auguraba buenos tiempos para la cinematografía nacional. Efectivamente, la década de 1950 registró un escaso nivel de estrenos nacionales, al punto de ser llamada “decenio de las sombras” por Aldo Francia. Cabe destacar, sin embargo el esfuerzo realizado en estos años, por cineastas como Nahum Kramarenko y Jorge Álvarez, quienes fueron capaces de levantar producciones cinematográficas a pesar de la oposición del medio. Gracias a realizadores como los mencionados y a otros jóvenes documentalistas, como Sergio Bravo, los que reunidos en torno a cine clubs y universidades, construyeron obras que ya anunciaban la preocupación dominante de los años venideros: la realidad social y nacional, el cine nacional siguió vivo.
Efectivamente, gran parte de los cineastas que a fines de la década de 1960 cobrarán relevancia se formaron en este cine documental, como Miguel Littin, Patricio Guzmán, Helvio Soto, Pedro Chaskel o Aldo Francia, entre otros. En concordancia con el movimiento de su época, las obras de estos cineastas fueron tendiendo cada vez más hacia la afirmación política. Un hito fundamental fue el Festival de Cine de Viña del Mar de 1967, donde el denominado Nuevo Cine chileno se puso en contacto con los cineastas latinoamericanos, dándose una confluencia de intereses estéticos y políticos marcados por la revolución social, el anti-imperialismo y la construcción de una cultura propia. A partir de este estímulo, los espectadores chilenos apreciaron una tríada de películas de gran repercusión: Tres Tristes Tigres (1968) de Raúl Ruiz, Valparaíso, mi amor (1969) de Aldo Francia y El Chacal de Nahueltoro (1969) de Miguel Littin. El cine chileno se ubicaba de esta manera en un terreno netamente social y político, dejando atrás el carácter comercial que le había caracterizado. Pero este auge no se debía sólo a un empuje de tipo ideológico. El gobierno de Eduardo Frei Montalva implementó importantes medidas para fomentar la producción nacional, como fueron la reactivación de Chile Films, la liberación de ciertos impuestos y un porcentaje mínimo de retorno a las producciones.
Con la instauración del gobierno de la Unidad Popular, el cine militante tuvo su momento de gloria, pero fundamentalmente en la producción de documentales, ya que debido a las presiones de la contingencia, la producción de argumentales o cine de ficción, siempre fue pospuesta.
La irrupción del Gobierno militar dañó seriamente a la industria del cine nacional, no sólo por el exilio de muchos cineastas, sino porque se cerraron las escuelas, se derogaron las leyes de 1967 y se implantó una férrea censura. También contribuyó a menguar al cine nacional el auge de la televisión, aún cuando fue posteriormente beneficiado, en la década de 1980, con el aumento de la producción publicitaria que permitió la proliferación de productoras privadas. Ahora el cine ya no dependía básicamente del Estado o de las universidades. Durante la dictadura, la mayor parte del cine nacional fue cine chileno en el exilio, pocos cineastas se dedicaron a la producción argumental en el país, destacando Silvio Caiozzi con Julio Comienza en Julio (1979), Cristían Sánchez con Los Deseos Concebidos (1982), Pablo Perelman con Imagen Latente (1988) y Tatiana Gaviola con Ángeles (1989). Con el retorno de la democracia, se pensó en un renacer del cine nacional, sin embargo ello tardó más de lo pensado. La década de 1990 registró algunos fallidos experimentos de fomento público y el número de estrenos año a año fue muy irregular. Sólo a fines de la década se pudo hablar de un aumento sostenido de la producción chilena, registrándose éxitos históricos de taquilla como El Chacotero Sentimental (1999) de Cristían Galaz y Sexo con Amor (2003) de Boris Quercia. Es interesante notar cómo en estos años la cinematografía socio-politica da paso a un cine más comercial. A partir de este auge, una nueva institucionalidad del cine pudo ser promulgada, la cual se espera sea un decidido estímulo al cine chileno.
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