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Enrique Espinoza (1898-1987) | Presentación
  
 

Un aporte cosmopolita a la literatura chilena

Samuel Glusberg, verdadero nombre de Enrique Espinoza, nació en Kischinev, Rusia. Llegó con su familia a Buenos Aires en 1905, aunque parte de ella se avecindó en Chile, donde Glusberg se radicó posteriormente. Luego a su arribo, estudió en un pequeño colegio israelita. Más tarde, se cambió a una escuela pública, que abandonó para dedicarse a distintos trabajos de ocasión. A los dieciséis años, Glusberg era devoto de las lecturas de Tolstoi, Turguenev, Heinrich Heine y del filósofo judío-sefardí Baruch Spinoza. De estos dos últimos tomó su seudónimo.

Posteriormente, se integró a los estudios en la Escuela Normal de Buenos Aires, donde se familiarizó con las obras musicales de maestros como Bach, Beethoven, Händel, y esto lo incitó a ingresar como miembro a la Asociación Wagneriana, incorporando su pasión por la música a la literatura. Con un poco de dinero que le enviaba uno de sus tíos desde Chile, empezó a editar los Cuadernos América (1919). Éstos lo pusieron en relación con importantes escritores rioplatenses como Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones. Aparte de Cuadernos América, que tuvo una duración de cincuenta números, inició la edición de libros nacionales, americanos y hasta europeos, con el sello editorial de Babel. Posteriormente, en 1921, resolvió editar una revista con el mismo nombre. A ésta se unieron eminentes literatos de la generación madura y jóvenes como Jorge Mañach Marinello, Mariano Picón-Salas, Arturo Uslar Pietri, Augusto D’Halmar, Pedro Prado, José Carlos Mariátegui y Jorge Basadre. Sus ediciones y revistas le crearon entretanto copiosas amistades del mundo de las letras. En aquella época promovió veladas, exposiciones y traducciones; además, organizó homenajes a numerosos escritores.

Sin menoscabo de la línea editorial seguida por Babel, incursionó en el proyecto de carácter más revolucionario de la vanguardia argentina: Martín Fierro. En este órgano, dirigido de Evar Ménez, cuyo manifiesto de carácter futurista fue escrito por el poeta argentino Oliverio Girondo, figuraron Jorge Luis Borges, y otros escritores que en esa época eran parte de la vanguardia rioplatense, como Macedonio Fernández. A pesar de que la tónica de la revista ponía énfasis en la poesía, incluía numerosos artículos sobre pintura, arquitectura, música, cine y pintura, no sólo latinoamericanos, sino también europeos. Estos aires renovadores y cosmopolitas fueron asentándose en el mundo cultural argentino y llegaron también a Chile, gracias, precisamente, al influjo de hombres como Espinoza o Juan Emar (Álvaro Yánez Bianchi), que fundó también un movimiento renovador en torno a sus “Notas de Arte” publicadas en el diario La Nación.

Entre otras iniciativas culturales llevada a cabo en Argentina, Enrique Espinoza fue cofundador de la Sociedad Argentina de Escritores, presidida por Leopoldo Lugones. Por estos años, Espinoza publicó De un lado y otro, donde rememoró los avatares culturales de esa época.

En enero de 1935, se radicó en Santiago de Chile incorporándose activamente a la vida cultural del país. Comenzó publicando breves ensayos sobre diversos tema. Su primer libro publicado en Chile fue Compañeros de viaje en 1937. En 1939, reanudó los tirajes de la Revista Babel en Santiago de Chile, con la editorial Nascimento. Enrique Espinoza costeó la mitad de cada volumen, mientras que Mauricio Amster modelaba cada entrega y dirigía la tipografía. Espinoza, además de dirigirla, organizaba su edición entera. Babel fue apreciada por los artistas más heterodoxos de la época. Entre su obra cabe destacar: Gajes del oficio (1968) y un ensayo largo titulado Conciencia histórica(1973), mediante el cual intentó aunar la reflexión política, social y cultural.

Enrique Espinoza falleció en octubre de 1987 en Argentina.


 

     
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