| Uso a Chile como un enorme basurero en el que puedo rastrear para escribir. Yo soy un novelista que vive de escarbar la basura Germán Marín
Autor de un conjunto de obras de gran fuerza y de un carácter reconocidamente polémico, Germán Marín ha transitado por la literatura como lo ha hecho por la vida, de manera franca y frontal. En sus obras, críticas y artículos, ha dejado la impronta de una escritura directa, a la vez que intensa y no exenta de riesgos, tanto estilísticos como vitales y políticos.
Alejado de las convenciones de lo políticamente correcto, Marín es, como señala el académico de la Universidad de Concepción Mario Rodríguez, “uno de los narradores chilenos que presenta en la actualidad una de las obras más logradas, sugerentes e interesantes de la narrativa chilena de fin de siglo y comienzos del actual”.
Pese al halo conflictivo que lo envuelve, la obra de Marín despierta el interés y los elogios de críticos como Camilo Marks y Álvaro Bisama, que ven una propuesta estilística sólida y una densidad escritural no muy común en la narrativa chilena. El proyecto literario de Germán Marín posee un fuerte anclaje en los resquicios de la memoria individual y colectiva, constituyendo en sí una verdadera reescritura de la historia nacional reciente, que devuelve la politicidad del texto a lo cotidiano del lector. Así sucede tanto en proyectos de largo aliento, como la trilogía Historia de una absolución familiar, compuesta por sus novelas Círculo vicioso, Las cien águilas y La ola muerta; pero también en sus conjuntos de relatos, como Conversaciones para solitarios, o novelas como Ídola y El Palacio de la Risa.
Aunque difícilmente encasillable en generaciones o corrientes, Marín se vincula en cierto modo con el fuerte tronco de la tradición de narrativa social chilena que encarnó en autores como Manuel Rojas y, más tarde, en la Generación Literaria de 1938, con nombres como Carlos Droguett, Fernando Alegría y Nicomedes Guzmán. Marín, sin embargo, lo hace desde una perspectiva de reescritura y rescate mucho más marcada por las secuelas de la derrota, que vivió en carne propia tras partir al exilio luego del golpe de Estado de 1973, como gran parte de la Generación Literaria de 1950.
Amigo y compañero de ruta de Enrique Lihn -con quien compartió tareas en la desaparecida revista Cormorán-, Martín Cerda y el cineasta Raúl Ruiz, Germán Marín es también un agudo crítico y editor, de lo que dan cuenta no sólo sus dichos sobre la literatura y la realidad nacional, si no también la amplia labor que lleva a cabo hasta hoy como colaborador de medios de comunicación y editor. Destaca en este ámbito de su quehacer el trabajo que realizó en la recolección de textos críticos de Lihn, aparecidos en El circo en llamas, libro para el cual realizó también el prólogo.
Reciente candidato al Premio Nacional de Literatura, Germán Marín ha recibido numerosos reconocimientos, y ha exhibido una notoria prodigalidad a la hora de escribir que posiblemente se traduzca en la continuidad de su aporte a la literatura chilena, a la que ha enriquecido hasta el momento con una necesaria dosis de intransigencia humana y creativa.
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