| El delfín de la Mandrágora Uno de los rasgos más llamativos de la carrera del poeta, bailarín y artista plástico Jorge Cáceres fue su precocidad: a los trece años ya había escrito poemas que llamaron la atención de Gonzalo Rojas y Nicanor Parra, dos jóvenes universitarios que trabajaban como inspectores en el Internado Nacional Barros Arana, y a los quince integró el grupo surrealista chileno Mandrágora. Su nombre comúnmente se asocia a la generación del 38, pero suele pasarse por alto que tenía 10 años de edad menos que el promedio de los demás miembros de esta generación, como Eduardo Anguita, Miguel Serrano y Volodia Teitelboim.
La precocidad de Cáceres pareciera compensar una vida demasiado corta. Murió a los 26 años, pero alcanzó a dejar un rastro luminoso en la historia del arte chileno, que lo recuerda como un entusiasta promotor de todas las tendencias del arte moderno que empezaban a abrirse camino en el Chile de fines de los años treinta. Poeta y bailarín, Cáceres hizo también pinturas y collages y fue uno de los fundadores del Club de Jazz de Santiago.
Luis Sergio Cáceres Toro nació el 18 de abril de 1923 y fue hijo de un exitoso sastre y de una dueña de casa, que murió cuando él era niño. Comenzó sus estudios en el liceo Luis Campino, para trasladarse luego al Internado Nacional Barros Arana, donde conoció a Gonzalo Rojas, Nicanor Parra y Jorge Millas y al estudiante Luis Oyarzún. Junto a este último, se inició en la lectura de autores como Federico García Lorca, Arthur Rimbaud, Pablo Neruda y Rafael Alberti, a quienes imitaba con sorprendente destreza en poemas que empezó a firmar bajo el nombre de Jorge Cáceres.
Sus inquietudes artísticas no se condecían con los requerimientos escolares y la mayor parte del tiempo de sus años de internado la pasó entre lecturas y representaciones teatrales que realizaba con Luis Oyarzún y otros compañeros. Hasta que decidió abandonar sus estudios y dedicarse al arte. En 1937 conoció personalmente a Pablo Neruda, quien lo acogió en su círculo, sorprendido por su talento. Sin embargo, a mediados del año siguiente Cáceres se unió al grupo surrealista chileno Mandrágora, integrado por los poetas Teófilo Cid, Enrique Gómez Correa y Braulio Arenas, quienes, entre otras cosas, se caracterizaron por su radical oposición y antipatía hacia Neruda.
Paralelamente a sus actividades como creador surrealista, hacia 1941 Cáceres se acercó al mundo de la danza, que giraba en torno a la Escuela de Danza de la Universidad de Chile. Allí se inició como bailarín profesional e intervino en importantes presentaciones como segundo bailarín del ballet de Ernst Uthoff.
En 1948 viajó a Europa a perfeccionar su técnica y estudiar danza bajo la dirección de la maestra rusa Preobraienska. Al regresar participó en numerosas presentaciones, hasta que la mañana del 21 de septiembre de 1949 fue encontrado muerto en la tina de baño, en circunstancias desconocidas y nunca del todo aclaradas. La autopsia estableció que una intoxicación por gas fue la causa de muerte. Su temprano e inesperado deceso causó una profunda conmoción en el ambiente artístico chileno, dentro del cual su creatividad irrefrenable dejó un profundo rastro.
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