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Literatura chilena de formación | Presentación
  
 


La novela de formación no corresponde a un movimiento ni a una tendencia literaria, sino a un género derivado de la tradición alemana del bildungsroman (“novela de formación”, en alemán). Su temática está centrada en el proceso de desarrollo que experimenta -tanto en el plano corporal como en el espiritual- un protagonista adolescente, a partir del cual su relación individual con el mundo se ve alterada para siempre.

La crítica literaria reconoce a Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1796), de J. W. Goethe, como la obra inaugural de esta tradición. El siglo XX vio aparecer una serie de novelas del género que pasaron a formar parte de los clásicos de la literatura, entre las cuales destacan La montaña mágica de Thomas Mahn, Demian de Herman Hesse y El guardián entre el centeno de J. D. Salinger.

El carácter formativo que define al género no ha de confundirse con un afán didáctico, pues su objetivo principal no es el de dejar una enseñanza ni cumplir una función ejemplarizadora. Más bien, se trata de acompañar el proceso de autodescubrimiento del protagonista, donde tanto su interioridad como su exterioridad se revelan simultáneamente. La novela de formación más clásica optó por seguir este progreso desde cierta distancia, utilizanndo una narración en tercera persona, mientras que, a partir del siglo XX, se tendió a la penetración directa en la conciencia del protagonista a través de la primera persona.

La narrativa chilena contemporánea cuenta con varios jóvenes en proceso de formación como figuras centrales del relato. Exponentes ineludibles de este género son Palomita Blanca de Enrique Lafourcade y La Beatriz Ovalle, o, Cómo mató usted en mí toda aspiración arribista de Jorge Marchant Lazcano, ambas marcadas por un notable éxito comercial.

El regreso a la democracia en la década de 1990 trajo consigo varias novelas protagonizadas por adolescentes que contribuyeron a la evolución del género. Darío Oses publicó Rockeros celestes, Sergio Gómez Vidas ejemplares y Alberto Fuguet el emblemático Mala onda, entre otras. En estos años el académico Rodrigo Cánovas acuñó el concepto de “huerfanías” para clasificar a este grupo de jóvenes protagonistas de la novela chilena, que coincide en parte con la Nueva Narrativa Chilena.

A comienzos del siglo XXI una serie de novelas se han propuesto abordar, desde diferentes puntos de vista, la experiencia del trance adolescente. Es el caso de El jugador de rugby de Óscar Bustamante y Puro Hueso de Roberto Fuentes. Son novelas que potencian la formación no didáctica y centran su atención, en cambio, en un hito vital que marca el futuro de sus protagonistas.

En paralelo a la noción de novela de formación, la literatura chilena ha sido fecunda en obras susceptibles de ser calificadas como novelas de aprendizaje, donde la evolución del protagonista culmina en la formación de un héroe, independientemente de que se trate de un adolescente o de un adulto.


 

 

     
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