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Martín Cerda (1930-1991) | Presentación
  
 


Me gustan los ensayos, porque son el plato fuerte de las ideas
Martín Cerda


Martín Cerda nació en Antofagasta en 1930. Sus estudios básicos los realizó en Viña del Mar, en el colegio los Padres Franceses. Ya en aquel entonces su pasión fundamental eran los libros, interesándose especialmente por la literatura y la cultura francesa. Por esta razón, a los 21 años viajó a París, con el propósito de conocer y nutrirse de la corriente intelectual que en esa época estaba encabezada por los existencialistas Jean Paul Sartre, Boris Vian, Albert Camus, Ives Montand, Simone de Beauvoir entre otros. Se matriculó en la Universidad de La Sorbonne para estudiar derecho y filosofía, allí entró en contacto con las obras de escritores franceses y europeos fundadores del pensamiento intelectual moderno. Con esto, Cerda fue uno de los primeros escritores nacionales en estudiar a los intelectuales europeos de la década de 1950, adquiriendo con ello una erudición que lo posicionó como el único autor posible de difundir tales ideas en Chile. Todo esto ayudó a forjar su orientación de ensayista, actividad que abordó con gran entusiasmo, pues esta forma literaria le permitió situarse en la contingencia, que era lo que a él le interesaba, dejar constancia de su tiempo para mostrar la verdad: “Yo reclamo vivir plenamente la contradicción de mi tiempo, que puede hacer de un sarcasmo la condición de la verdad”.

De regreso en Chile, trabajó como columnista en distintos periódicos y revistas, colaboró desde 1960 en la revista semanal PEC, también en el diario Las Últimas Noticias, donde escribió ensayos sobre hechos históricos, literatura, cultura y contingencia chilena. Asimismo, en 1958, participó de un suplemento del diario La Nación llamado “La Gaceta”. Por otra parte, en esta época formó parte del ambiente intelectual chileno, integrándose a discusiones literarias en cafés y en tertulias y dando charlas. En 1970 partió al exilio, estableciéndose en Venezuela desde donde siguió enviando artículos para Las Últimas Noticias. Además trabajó en un suplemento literario de un periódico de ese país.

En 1982 publicó su primer libro, el que tituló La palabra quebrada: ensayo sobre el ensayo, en el que propuso un recorrido por la historia de este género, desde sus orígenes hasta su presente. En 1984, asumió la presidencia de la Sociedad de Escritores de Chile, renunciando el 3 de marzo de 1987, porque quería dedicarse por completo a la preparación de otros libros de ensayos. Ese mismo año, publicó Escritorio, un largo texto donde reflexionó sobre el trabajo del escritor.

En 1990, obtuvo la beca Fundación Andes para llevar a cabo tres proyectos de investigación en la Universidad de Magallanes (Umag): Montaigne y el Nuevo Mundo; Crónicas de viajeros australes y una completa bibliografía de Roland Barthes. Se interesó por trabajar en la ciudad de Punta Arenas, porque descubrió que esa era una región con bastantes autores y gran cantidad de libros. Partió a este lugar en marzo de 1991 y se ubicó en la Casa de Huéspedes del Instituto de la Patagonia, sin embargo al poco tiempo este lugar sufrió un incendio que destruyó casi por completo su biblioteca personal y sus manuscritos próximos a ser publicados. Esta catástrofe lo derrumbó y tuvo dos paros cardiacos. Como consecuencias de esos ataques, murió el 12 de agosto de 1991.

Dos años después, los investigadores Pedro Pablo Zegers y Alfonso Calderón publicaron dos libros recopilatorios de sus ensayos esparcidos en libros y revistas.


 

     
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