| Poniendo el grito en el suelo El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española define al panfleto como un libelo difamatorio o una obra literaria, de poca extensión, de carácter agresivo. Sin embargo, es evidente que como herramienta propagandística, el panfleto, a lo largo de la historia, ha adoptado diversas formas y ha jugado un papel relevante, sobre todo en circunstancias en que los medios de comunicación tradicionales han estado bajo el estricto control de unos pocos.
Durante el Gobierno Militar (1973-1990) encabezado por Augusto Pinochet, la actividad partidista entró en un receso forzado y las políticas de Estado contemplaron una estricta imposición de la censura. Este fue un escenario propicio para la utilización del panfleto como única forma de expresión de las distintas corrientes ideológicas que se enfrentaron en aquellos turbulentos años.
El volante con propaganda política irrumpió con fuerza junto con las primeras protestas masivas en contra de la dictadura y de ahí en adelante se transformó en un arma que fue profusamente utilizada tanto por la oposición como por el pinochetismo.
Así se empezó a escribir una historia no oficial redactada por quienes no dudaron en desafiar la normativa vigente para expresar sus ideas. De hecho, el Decreto Ley Nº 1009 del 5 de mayo de 1975, referido a delitos contra la seguridad nacional, indicaba: “...se presumirá autor de propaganda de doctrinas o de propalar o divulgar noticias o informaciones que las leyes describan como delito al que sea sorprendido portando volantes, panfletos o folletos que sirvan para su difusión”. Sin embargo esta disposición legal no fue obstáculo para que las calles y veredas de Chile se vieran, con frecuencia, tapizadas de panfletos que daban cuenta de la tensión social y de situaciones tan graves como las sistemáticas violaciones a los derechos humanos.
Formalmente, estos papeles propagandísticos adoptaron diversas apariencias y fueron confeccionados con distintas técnicas, pero siempre respetaron las características de un mensaje tan conciso como comprensivo, tan provocativo como exacto. Para conseguir este efecto se utilizó desde la proclama y el eslogan hasta la caricatura.
Y así como existió diversidad en lo formal, también aquellos que utilizaron el panfleto abarcaron el más amplio espectro, yendo desde los grupos ultra hasta los movimientos estudiantiles, de los partidos políticos a las mujeres.
Para las campañas del plebiscito del 5 de octubre de 1988 se creó la Franja Política, que fue transmitida por televisión a través de Cadena Nacional. Y aún cuando los volantes de ambas opciones ocuparon un rol estelar en este acto eleccionario, la apertura de los medios de comunicación tradicionales a la propaganda política marcó el fin del protagonismo del panfleto como forma de expresión ideológica.
Una porción de aquellos panfletos que circularon profusamente durante la dictadura del general Pinochet, conforma la colección de Rafael Karque, que sirvió como base para el proyecto, apoyado por el Fondo para el Desarrollo de las Artes (Fondart), “Panfletos, poniendo el grito en el suelo”. Este trabajo contempló la restauración, conservación y digitalización de los documentos originales, así como la realización de una exposición que se llevó a cabo en los jardines de la Biblioteca Nacional entre los días 1 y 21 de diciembre de 2003 y la edición de un catálogo que fue distribuido en todas las bibliotecas públicas del país.
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