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A lo largo de la historia diversas tradiciones han articulado el arte visual y la literatura. En la cultura griega, por ejemplo, cerca del a�o 300 a.C., poetas como Te�crito de Siracusa y Simias de Rodas desarrollaron este v�nculo mediante la escritura de caligramas. Durante la Edad Media, la ilustraci�n de manuscritos alcanz� tal protagonismo que la escritura misma era constantemente transformada, con el fin de adaptarse mejor a su acompa�amiento visual. Sin embargo, no fue sino hasta las primeras d�cadas del siglo XX que comenz� a cultivarse como tal el subg�nero o interg�nero literario que conocemos actualmente como poes�a visual, es decir, aquella forma de poes�a que se centra en destacar la visualidad del lenguaje escrito, entendido este como la materia misma de la escritura. Situada en un espacio intermedio entre arte visual y literatura, esta tendencia -compartiendo en un sentido amplio la sensibilidad de las vanguardias de la �poca- se presta para la formaci�n de un lenguaje propio, capaz de ofrecer nuevos modos de representar y de ampliar las posibilidades del lenguaje po�tico convencional.
Las primeras aventuras de la poes�a visual en nuestro pa�s se remontan tambi�n a comienzos del siglo XX, de la mano de Vicente Huidobro, su m�s prominente y temprano exponente. En 1912, en la revista Musa joven, el poeta public� su primer caligrama, titulado �Tri�ngulo arm�nico�, el cual se considera el primer poema visual publicado en Chile. Con este trabajo dio inicio a un trabajo literario experimental a trav�s del cual estableci� v�nculos in�ditos tanto con las artes visuales como con la m�sica y la moda. Una experimentaci�n similar es la que se observa en textos y collages de car�cter surrealista por autores como Jorge C�ceres, Enrique G�mez-Correa y, posteriormente, Ludwig Zeller.
En la medida en que fueron consolid�ndose otras pr�cticas como las del muralismo de corte pol�tico, el humor gr�fico y el c�mic, sumadas a la creciente visibilidad y sofisticaci�n de los discursos publicitarios, durante la d�cada de los sesenta nuevas inquietudes estimularon la b�squeda de un lenguaje po�tico renovado. Una mayor preocupaci�n por el contexto social y la valoraci�n de la cultura popular influyeron en los rumbos que tom� la poes�a visual, como puede observarse en los primeros trabajos de Guillermo Deisler, donde los recursos expresivos empleados procuran subvertir y denunciar los discursos del poder.
Ya en la d�cada de los setenta, y continuando hacia los ochenta, las transformaciones en las motivaciones po�ticas, conjugadas con la experiencia de la dictadura militar, comenzaron a perfilar dos tendencias principales dentro de la poes�a visual. Por una parte, un ejercicio sistem�tico de creaci�n que se asume como experimental y se desarrolla dialogando con otras tradiciones literarias y art�sticas, como la de la palabra escrita en las artes visuales. Entre los exponentes de esta vertiente se distinguen autores como el mismo Deisler, Cecilia Vicu�a, Gregorio Berchenko, Gonzalo Mill�n, Juan Luis Mart�nez, Carmen Berenguer y Hern�n Meschi. Otros poetas, por su parte, han realizado incursiones espor�dicas en el �mbito de la poes�a visual, tentativas que a menudo se nutren de las estrategias visuales utilizadas por medios masivos como la publicidad y los peri�dicos. De esta l�nea de producci�n dan cuenta obras como Artefactos de Nicanor Parra, El Paseo Ahumada de Enrique Lihn, los Quebrantahuesos �poes�a mural que ambos, junto a Alejandro Jodorowsky, realizaron en 1952- y Let it be Arturo de Francisco Javier Za�artu.
Con la transici�n a la democracia, a partir de la d�cada de los noventa se sucedieron varias iniciativas de recuperaci�n y continuaci�n de la poes�a visual, tanto por parte de universidades y editoriales, como tambi�n de peque�os grupos de escritores que buscan extender esta tradici�n experimental de la creaci�n chilena.
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