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Onas o Selk'nam

La porción norte y central de Tierra del Fuego tiene amplias planicies y suaves lomajes, con variedades de coirón, gramíneas de crecimiento en champas y arbustos. Existen indicios de que a partir del año 6.000 a.C. estos cazadores utilizaron boleadoras esféricas para cazar y herramientas para manipular los alimentos. Eran de estatura elevada y contextura robusta, la gran agilidad en los hombres les permitía éxito en la caza, la mujer era más baja y propensa a aumentar de peso. Las normas estéticas de su cultura los obligaba a depilarse todas las áreas del cuerpo menos la cabellera que usaban larga y abundante. Como vestuario utilizaban capas de pieles de guanaco, zorro o cururo al igual que para el calzado. La utilización de pintura corporal tenía una doble finalidad: por una parte, protegía al cuerpo de los rigores del clima y, por otra, era un adorno que reflejaba un estado de ánimo. Se organizaban socialmente en familias extendidas que podían tener 3 o 4 generaciones por descendencia patrilineal y patrilocal y ocupaban un territorio específico llamado haruwenh cuyos límites eran respetados usualmente por los vecinos. Llamados onas (hombres del norte) por sus vecinos yámana, los selk'nam estaban divididos en dos grandes grupos: las tribus de las planicies del norte de la Tierra del Fuego, cazadores de cururos y ñandúes, y las de la zona montañosa del sur de la isla. En el extremo sudoriental de Tierra del Fuego vivía otra etnia, los Haush, que presentaban numerosas similitudes culturales con los selk'nam.

Los selk'nam tuvieron un trágico final. Tras cientos -quizás miles- de años de vida seminómada, hacia fines del XIX la isla concitó el interés de las grandes compañías ganaderas. La introducción de las estancias ovejeras creó fuertes conflictos entre los nativos y los colonos europeos y chilenos, que adquirió ribetes de guerra de exterminio. Las grandes compañías ovejeras llegaron a pagar una libra esterlina por cada selk'nam muerto, lo que era confirmado presentando manos u orejas. Las tribus del norte fueron las primeras afectadas, iniciándose una oleada migratoria al extremo sur de la isla para escapar a las masacres. En busca de alternativas a la matanza, en 1890 el gobierno cedió la isla Dawson, en el estrecho de Magallanes, a sacerdotes salesianos que establecieron allí una misión, dotada de amplios recursos económicos. Los selk'nam que sobrevivieron al genocidio fueron virtualmente deportados a la isla, la que en un plazo de 20 años cerró dejando un cementerio poblado de cruces. Ni un solo selk'nam sobrevivió a la pérdida de la libertad.